lunes 9 de enero de 2012

Viento y seducción.

El viento arreciaba aquella noche de un frio húmedo y obscuro; el cielo estaba encapotado, levanté mi vista y me resultó imposible distinguir donde terminaba lontananza y donde iniciaba el cielo; ajuste el cuello de mi abrigo y apresuré mi paso rumbo al pórtico de aquella casa para guarnecerme del clima. 
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Ajusté nuevamente el abrigo y el nudo de la corbata, pero de pronto un lejano sonido me detuvo en seco, primero parecía un lejano rumor, pero inmediatamente lo pude comprobar; los perros ladran;  sin lugar a dudas están ladrando. Me apoyo en una de las columnas adosadas al pórtico, pero decido hacer caso omiso y recobrando con presura el equilibrio empuño con decisión la aldaba de la puerta y golpeando con insistencia llamo a la puerta. 
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Está se abre casi al instante permitiéndome entrar de inmediato; tan pronto entro los presentes —las presentes debo precisar— que conversas divididos en pequeños grupos voltean al unísono y con curiosidad para tan solo volver el rostro con fingida indiferencia pero de forma accidentada tan pronto me ven. Algunos rostros se me hacen familiares, otros tan solo vagamente conocidos.
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Un fuerte pero imperceptible murmullo recorre la pieza en la cual me encuentro.
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De pronto todo pierde sentido, el recuerdo me ha causado una fuerte sacudida que casi me hace perder el equilibrio. A todas ellas las conozco, sus rostros ya no son los mismos, pero sucesiones de imágenes mentales me hacen recordar aquellos otrora jóvenes rostros; otras recuerdos no me presentan imágenes jóvenes, pero tampoco una versión tan actualizada como la que tengo frente a mí. A todas ellas las seduje, de una u otra forma, un beso, una sonrisa, una caricia, pero por más que me esfuerzo, no consigo relacionarlas con algún lugar de mi vida. Pero ellas ya no son lo que fueron acaso porque yo ya no soy ni el que conocí.
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Alguien ha de haber dejado una ventana abierta, un viento fuerte y repentino pero sostenido se cuela por entre mi abrigo repentina desabrochado, levantándolo como bolsa de papel; siento el frio hasta los huesos. Bajo la vista para abotonarlo nuevamente, pero lo que descubro me hace sentir nauseas, bajo mi abrigo no hay más que un esqueleto con retazos de piel marchita y vellos que apenas lo cubren. 
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A punto de desvanecerme, unas cálidas manos que tantas veces he besado me sostiene de entre los brazos por mi espalda; y despacio pera a paso seguro  me lleva a la salida. El aire fresco me hace recobrar la compostura, intento nuevamente abrochar el abrigo pero esté está perfectamente abotonado, aun desconcertado palpo mi cuerpo sobre la ropa, pero ésta vez no hay nada; las calidad manos que unos momentos antes me sostenían llevan mi boca a sus labios; cierro los ojos, trato de escuchar, pero su tibia lengua se esconde entre la mía y el tibio olor de su rostro inunda mis pulmones. Entreabro uno de mis ojos y compruebo con alivio que la puerta está cerrada. 
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Aguzo nuevamente el oído, no hay más sonido que el del viento, los perros ya no ladran.

4 Comentarios:

jess dijo...

8 1/2 by Fellini.

la mis dijo...

el miedo le robó al sueño un poco de tiempo.

Anónimo dijo...

y yo tambien tengo frio.

:)

te extrañaba marinero!!

jess dijo...

"I close my eyes,
only for a moment, and the moment's gone.

All my dreams
Pass before my eyes whit curiosity.

Dust in the Wind.
All they are is just dust in the Wind."

Kansas.

Que el sabio viento del Norte se lleve los sonidos que nos lastiman.

Abra-Cadabra!!!

Saludossss túuuuu!!!!!