Hacía tiempo que no caminaba por aquella calle de frondosos árboles y aceras quebradas por la raíz de aquellos. El escaparate mostraba ya la austera sobriedad que sigue a la navidad y aunque mucho había pensado en ti, no habías vuelto a honrar nuestro Pacto de Casualidad. Volví a aquella calle dispuesto a encontrarte; me asomé por el escaparate de la tienda en tu búsqueda pero esta resultó infructuosa.
.
Decidí entrar y he de confesarte que fue un impulso. De modo unilateral había decidido mantener las cosas fáciles; no buscarte, no pedir tu teléfono. Pero que puedo decirte; tu cuerpo y tu cadencia no son cosas que uno pueda olvidar fácilmente, al menos no yo.
.
—Buenas tardes— saludó con amabilidad la dependiente que atendía el mostrador.
.
—Buenas Tardes—contesté; —Busco a Ana—asentí con cortesía.
.
—Ella no trabaja ya aquí, pero ¿puedo ayudarlo? —me respondió con una sonrisa.
.
Sopesé mis posibilidades, preguntar acerca de tu destino, o al menos pedir un número telefónico eran algunas mis opciones. Ya había violado el primero de mis principios al buscarte, indagar un poco más de ti, hubiese sido violar el segundo. No es cierto; la sonrisa de esa mujer de piel achocolatada me tenía cautivado y por eso no pregunté por ti. «Debes ser nueva» concluí sin mayor problema. Las demás dependientas de aquél negocio vestían traje sastre negro y blusa de cuello alto del mismo color, lo que creaba un elegante contraste con el blanco del mobiliario del lugar. Ella llevaba pantalón negro a la cadera y una ajustada blusa de cuello en “v” y manga tres cuartos que resaltaba las curvas de tu cuerpo. Aquél era, por llamarlo de alguna manera, un uniforme provisional. Un pequeño rectángulo de plástico prendido de su blusa revelaba su nombre «Carmen»
.
—Claro— mentí; y señalé el mismo producto por el que había preguntado cuando te conocí. Ella giró a su lado o derecho para mostrarme lo que señalé y pude ver una perfecta silueta de vientre plano, firmes pechos y pequeño pero redondo culo delineado debajo de su vestimenta. Al acercarme el empaque pude notar en su brazo derecho un tatuaje con una imagen que no pude identificar.
.
—¿Te gusta? — preguntó al ver que observaba aquella inscripción marcada en su piel.
.
—Me gustas tu Carmen— respondí, y una marcada turbación sonrojó su achocolatada piel al tiempo que bajabas la mirada.
.
Llegué pensando en tu cuerpo desnudo Ana; y me retiré pensando en el olor del cuerpo desnudo de Carmen y en aquella promesa de sexo, que sin garantía, ella había revelado en su rostro.

3 Comentarios:
El que busca casualidades se las encuentra, muy escondidas debajo del suéter o muy altaneras con ojos de miel...
cuantos nombres hay en esta bitacora...
"Una importante ley del deseo nos dice que mientras se cumple un sueño en el mundo, muchos otros desaparecen y se pierden para siempre."
Le doy un 9.7
Saludos túuuuuuuu!!!!
Publicar un comentario en la entrada